martes, 9 de octubre de 2018

El delicado equilibrio de la ‘zona de confort’.

Las empresas deben mantener algo de nervio entre los trabajadores pero sin inducirles al estrés.

El concepto de "zona de confort" se ha extendido tanto que ya ha pasado a formar parte del paisaje laboral y es un tema habitual en cualquier charla motivacional o en el discurso de los coach. Pero, ¿qué es eso y qué significa exactamente? Ovidio Peñalver, psicólogo y coach en Isavia Consultores, lo define así: "Es una zona de estrés neutro", es decir: una situación a la cual estamos acostumbrados y con la que podemos lidiar con el mínimo esfuerzo. Estar dentro de esta zona, según Peñalver, "nos hace dejar de ser innovadores y creativos; llega un momento en el que sólo nos trae aburrimiento y desidia". Para el psicólogo, en la vida profesional es necesario cierto grado de tensión que nos invite a "sentirnos más vivos y a disfrutar con los cambios". Pero advierte: salir de la "zona de confort" para entrar en la llamada "zona de aprendizaje" no es incompatible con estar bien y sentirse a gusto en el trabajo.


Sin embargo, esta visión no parece ser compartida en muchas empresas, que buscan tener más inquietos a los trabajadores de diferentes maneras, ya sea con evaluaciones periódicas o con medidas como no permitirles tener cajoneras o sitios fijos donde sentarse (para que el trabajador no pueda acomodarse). Unas estrategias que pueden ser contraproducentes, afirma Peñalver, que advierte de que "también te puedes acomodar a situaciones que no te gustan". Y los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) señalan que esas situaciones abundan: el 59% de los trabajadores en España sufre de estrés en el trabajo, frente a la media europea del 28%.
Demasiado estrés durante demasiado tiempo no genera aprendizaje, sino que provoca lo que se conoce como estar quemado en el trabajo (en inglés, síndrome burnout). Los trabajadores quemados se sienten agotados emocionalmente, obtienen baja o nula realización personal de sus tareas laborales, se valoran negativamente a sí mismos y terminan experimentando fatiga crónica, dolores de cabeza, molestias musculares o gastrointestinales, trastornos menstruales, ansiedad e incluso depresión…
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